Recién estaba recordando algunos años, quizás muchos atrás, los domingos eran especiales, sobretodo porque siempre para mi fueron muy nostalgiosos.
Durante mi adolescencia vivía en una ciudad de Buenos Aires, Ramos Mejía en un gran edificio, para ser más preciso en un 8vo. piso y había algo que me gustaba hacer y justamente era sentarme en mi habitación mientras escuchaba música, mirar desde un gran ventanal el atardecer, justo daba de lleno en un gran edificio antiguo que a pesar de la distancia permitía mostrar su colosal tamaño y dejaba esconderse detrás de si al hermoso sol. Para los que son de zona oeste este gran edificio era el Hospital Posadas. A pesar de que quizás sea un edificio para nada alegre, se veía hermoso en ese momento y sobretodo si de fondo ponía a Louis Armstrong cantando Maravilloso Mundo o a Glen Miller interpretando serenata a la luz de la luna. Era una rareza para un adolescente, pero nunca fui muy normal. Esa ceremonia la repetí durante muchos años. Los amigos de esa época saben que no miento porque hemos compartido infinitas charlas en esos días. Podríamos decir que eran momentos sumamente mágicos.
Corría el final de la década de los 80 y la juventud parecía que sería eterna.
Continuara...
domingo, 30 de marzo de 2014
viernes, 28 de marzo de 2014
Historia de amor en breves lineas
Jorge quizás no era el hombre ideal, quizás ni siquiera aún era un
hombre. Su simpleza y don de buena persona todavía estaban intactos.
El era el menor de una familia numerosa, tal vez eso lo hacia casi invisible, invisibilidad que lo acompaño durante muchos años.
El era el menor de una familia numerosa, tal vez eso lo hacia casi invisible, invisibilidad que lo acompaño durante muchos años.
Jorge era un joven idealista y soñador, amante del amor, amigo de la
vida, pero muy solitario. Su invisibilidad lo hacia retraído, no era muy tomado
en cuenta, era lo contrario a popular, pero so no significaba que fuera tonto.
Su curiosidad lo llevaba a lugares insospechados, pero después se daba
cuenta que en realidad a nadie podia contarle sus experiencias. La informática,
las redes sociales, los celulares no eran su fuerte. La calle, la naturaleza,
las estrellas y el amor verdadero eran su fuente de inspiración.
Leía cuanto libro podía, escribía en cantidad, no quería perder ni un segundo de su existencia, quería contarle al mundo que existía, aunque el mundo no lo viera.
Era la esperanza misma, era la virtud del alma, era la aguja en el pajar.
Un día a la vuelta de la esquina, donde siempre se encuentran cosas nuevas, tropezó con el amor, tropezó con la belleza pura en estado físico. Su alma golpeaba sus entrañas como queriendo salir. Pero su invisibilidad, no lo dejo actuar. Su amor paso entre su cuerpo, como el aire mismo que expiro junto a su suspiro.
Leía cuanto libro podía, escribía en cantidad, no quería perder ni un segundo de su existencia, quería contarle al mundo que existía, aunque el mundo no lo viera.
Era la esperanza misma, era la virtud del alma, era la aguja en el pajar.
Un día a la vuelta de la esquina, donde siempre se encuentran cosas nuevas, tropezó con el amor, tropezó con la belleza pura en estado físico. Su alma golpeaba sus entrañas como queriendo salir. Pero su invisibilidad, no lo dejo actuar. Su amor paso entre su cuerpo, como el aire mismo que expiro junto a su suspiro.
Esos ojos, esa cara no podía quitarla de su mente. Era el ideal de su
amor, sin conocerla.
Más tarde al llegar a su casa se escondió en el altillo oscuro, como evitando que lo vean, no quería que lo interrumpieran con cosas mundanas, no quería olvidar nada de ese rostro que tanto amor le despertó a su existencia.
Gasto hoja a hoja, dibujaba y tiraba, no lograba encontrar ese rostro. Sentía que ser iría. Abrumado se dejo dormir.
Más tarde al llegar a su casa se escondió en el altillo oscuro, como evitando que lo vean, no quería que lo interrumpieran con cosas mundanas, no quería olvidar nada de ese rostro que tanto amor le despertó a su existencia.
Gasto hoja a hoja, dibujaba y tiraba, no lograba encontrar ese rostro. Sentía que ser iría. Abrumado se dejo dormir.
A la mañana siguiente, casi como programado se encamino rumbo a esa
esquina que al doblar la vida nos da sorpresas. Pero al girar no vio nada, o en
realidad nada que le interesara más que ELLA.
Era una mañana de otoño, bien de otoño, la lluvia acompañaba sus trancos, pero el parecía ajeno a eso. Camino calle por calle recorrió desde la casa de gobierno hasta casi el final del recorrido del subte. Busco en cada rostro ese rostro. Pero no apareció.
Se sentó en un viejo banco de plaza, saco un pequeño papel y comenzó a escribir, ausente de donde estaba, de la hora, del lugar mismo.
Era una mañana de otoño, bien de otoño, la lluvia acompañaba sus trancos, pero el parecía ajeno a eso. Camino calle por calle recorrió desde la casa de gobierno hasta casi el final del recorrido del subte. Busco en cada rostro ese rostro. Pero no apareció.
Se sentó en un viejo banco de plaza, saco un pequeño papel y comenzó a escribir, ausente de donde estaba, de la hora, del lugar mismo.
En ese pequeño papel comenzó a escribir:
Quizás nunca te encuentre, quizás nunca te haya visto, quizás la vida me
compense con tenerte. Pero solo son una lista de quizás o tal vez. Se que suena ilógico, nadie se enamora de lo invisible, nadie puede enamorarse sin siquiera
conocerse. Pero el amor, no es lógico, no es racional, no es prudente y quizás
no es benévolo, porque hasta ayer fui feliz y hoy te necesito.
Me tendré que volver a perder en el aire, en las estrellas, en cada hoja que cae de este viejo árbol. Tendré que llorarte en el silencio, porque ni siquiera podre nombrarte porque no te conozco. Pero tus ojos dejaron magia en los míos.
Solo se que fue un instante, solo se que fue un momento, pero te llevaste mi existencia en cada centímetro de tu cuerpo.
Me tendré que volver a perder en el aire, en las estrellas, en cada hoja que cae de este viejo árbol. Tendré que llorarte en el silencio, porque ni siquiera podre nombrarte porque no te conozco. Pero tus ojos dejaron magia en los míos.
Solo se que fue un instante, solo se que fue un momento, pero te llevaste mi existencia en cada centímetro de tu cuerpo.
De repente Jorge empezó a notar que las cosas no estaban muy bien, el
horario había pasado, el se quedo quizás en el lugar menos adecuado. Y sin
darse cuenta de un momento al otro, sintió el caliente fluir de un hilo de su
propia sangre, esa sangre que quizás quería perpetuar en su amor ideal, esa mujer que le había hecho sin saberlo
sentirse más vivo que nunca.
El era invisible, pero esa vez no lo fue, justo ahora.
El era invisible, pero esa vez no lo fue, justo ahora.
Al día siguiente lo encontraron,en su mano aún tenia ese papel. Esta vez
no hubo un quizás ni un tal vez, era seguro que ya no estaba, que ya no estaría
ella. Pero en esa carta pudo sin darse cuenta perpetuarse, alguien supo de
ella, y la comento, y así paso de boca en boca, hasta llegar a las redes y de
repente Jorge sin darse cuenta, quizás allá podido contarle a ELLA, lo que el sintió a cruzarse en esa esquina que la vida siempre nos regala.
Alejo Mon
Cuentos breves
Cuentos breves
jueves, 27 de marzo de 2014
Cap.2 - La escuela
Cuan traicionera es la vida, mis recuerdos a veces parecen egoistas, caprichosos. Recuerda la llegada a la escuela, mi escuela, la de cualquier niño.
Como si fuera a propósito las nubes que hasta hacia un rato parecían de algodón se convirtieron en rocas grisáceas, el cielo fue perdiendo su celeste y lentamente todo se fue poniendo gris.
La escuela ante mi, coloso blanco rodeado de grandes ventanas con celosías verdes. Una entrada imponente, no le faltaba nada, una escalinata de tres peldaños te daba la bienvenida para adentrarte a una majestuosa puerta de dos placas estilo colonial con pequeñas ventanas acompañadas de rejas color verde.
Mis pies tomaron coraje, me acomode una incomoda mochila azul de cuero, repleta de elementos que por mucho tiempo no entendería su uso.
Ya empezarían a caer las primeras gotas, casi como las lagrimas de una madre al ver a su hijo emprender tan fantástica empresa. Yo no tuve esa suerte, pero era entendible mis padres trabajaban todo el día y acompañarme hubiera sido un lujo que no nos podíamos dar.
El guardapolvo cada vez era más incomodo, es como si esos días todo estuviera hecho para incomodarnos.que mi sentimiento
Las gotas se transformaron en gotones y en pocos segundos en un gran diluvio, quizás fue lo más parecido a mis pensamientos, que por ese entonces ya estaba extrañando la libertad de los días de verano que acababan de finalizar.
Pise fuertemente el primer escalón de mármol y sin darme cuenta ya estaba dentro de un gran pasillo, lleno de bustos de personajes que me intimidaban, podía distinguir una bandera, un cuadro, muchas puertas. Seguí caminando, por inercia todos iban al mismo lugar y yo no lo dude y los seguí. Me adentre en un gran pasillo que parecía estar dividido en dos partes, una blanca y otra verde, al final una gran escenario, un piano e infinitas puertas a ambos lados de mi, al ser de vidrio me permitían ver los pupitres de madera fijos que saludaban de alguna manera y demostraban sus largos años de experiencia. Podríamos decir que mostraban cicatrices de décadas de permanencia.
Cuan maravillosa es la sensación de lo nuevo, el sentir que nada es conocido y que no sabemos ni por un instante de que se trata. Quizás eso sea vivir.
Como si fuera a propósito las nubes que hasta hacia un rato parecían de algodón se convirtieron en rocas grisáceas, el cielo fue perdiendo su celeste y lentamente todo se fue poniendo gris.
La escuela ante mi, coloso blanco rodeado de grandes ventanas con celosías verdes. Una entrada imponente, no le faltaba nada, una escalinata de tres peldaños te daba la bienvenida para adentrarte a una majestuosa puerta de dos placas estilo colonial con pequeñas ventanas acompañadas de rejas color verde.
Mis pies tomaron coraje, me acomode una incomoda mochila azul de cuero, repleta de elementos que por mucho tiempo no entendería su uso.
Ya empezarían a caer las primeras gotas, casi como las lagrimas de una madre al ver a su hijo emprender tan fantástica empresa. Yo no tuve esa suerte, pero era entendible mis padres trabajaban todo el día y acompañarme hubiera sido un lujo que no nos podíamos dar.
El guardapolvo cada vez era más incomodo, es como si esos días todo estuviera hecho para incomodarnos.que mi sentimiento
Las gotas se transformaron en gotones y en pocos segundos en un gran diluvio, quizás fue lo más parecido a mis pensamientos, que por ese entonces ya estaba extrañando la libertad de los días de verano que acababan de finalizar.
Pise fuertemente el primer escalón de mármol y sin darme cuenta ya estaba dentro de un gran pasillo, lleno de bustos de personajes que me intimidaban, podía distinguir una bandera, un cuadro, muchas puertas. Seguí caminando, por inercia todos iban al mismo lugar y yo no lo dude y los seguí. Me adentre en un gran pasillo que parecía estar dividido en dos partes, una blanca y otra verde, al final una gran escenario, un piano e infinitas puertas a ambos lados de mi, al ser de vidrio me permitían ver los pupitres de madera fijos que saludaban de alguna manera y demostraban sus largos años de experiencia. Podríamos decir que mostraban cicatrices de décadas de permanencia.
Cuan maravillosa es la sensación de lo nuevo, el sentir que nada es conocido y que no sabemos ni por un instante de que se trata. Quizás eso sea vivir.
lunes, 24 de marzo de 2014
Capitulo I - Chocolatada y tierra humeda
Recuerdo antaño, alejado de este frío escritorio, a un cielo de otro tiempo, acompañado de otras nubes, de otro celeste. De un sol que bañaba con sus doradas hebras a los verdes y caudalosos árboles de troncos grises, repletos de nueces aún no maduras, que movían sus hojas al unisono siguiendo el tenue ritmo de la brisa que daba el ya agotado verano.
De aquel instante viene a mi los aromas a niñez, sensación de heroísmo, de peleas etéreas, de riesgos imaginarios, de dulces besos de abuela y regocijo de madre. Delantal a cuadros, pantalones cortos y un dulce sabor a chocolatada en las entrañas más socavada de mi ser.
Gustaba de caminar con mis pies desnudos sobre la húmeda superficie del césped que rodeaba mi hogar, repleto de árboles frutales, cuya compañía hacia de mis días de verano historias únicas e interminables.Castillos, campos de batalla, mundos inexplorados, senderos mágicos, todo y nada. Quizás simpleza, quizás fortuna. Quizás simplemente vida..
Finalizado el verano el verdor de este jardín mágico peligraba, dejando entrar al infante otoño que fatigosamente emprendería interminables contiendas, que terminarían jaqueando una a una sus hojas, hasta convertirlas en botín de guerra, un tesoro dorado.
El aroma a la vida empieza a cambiar, la brisa y los intermitentes aguaceros llenan de tierra húmeda el lugar. Los frutales ya rendidos entregan sus hojas, cuan guerrero su armadura a un vencedor implacable.
Finalmente llego ese día, el que uno empieza con gran animosidad, busque mi ropa que estaba perfectamente ordena esperándome, como yo a ella, aún puedo sentir en cierto modo la rigidez de la tela nueva, que tanto cuesta amoldarse en primer instancia a mi cuerpo. Aunque la lucha es corta, una tregua nos permite ponernos en marcha. El primer día nos obliga a cuidar cada uno de los detalles, debemos estar perfectos, porque no sabemos que nos depara la jornada. Fui hasta el baño y trabe una fuerte lucha con mis cabellos,que no querían ser domados. Esos salvajes trigales libres que no conocían de estas nuevas obligaciones.
Cielo celeste, nubes interminablemente blancas, tierra húmeda olor a otoño,olor a mi niñez.
Al salir de casa el brillo era distinto aún más dorado a pesar de la estación, el asfalto más gris.
Una vez encaminado hacia el destino me encamine a mi destino y me perdí en el horizonte.
De aquel instante viene a mi los aromas a niñez, sensación de heroísmo, de peleas etéreas, de riesgos imaginarios, de dulces besos de abuela y regocijo de madre. Delantal a cuadros, pantalones cortos y un dulce sabor a chocolatada en las entrañas más socavada de mi ser.
Gustaba de caminar con mis pies desnudos sobre la húmeda superficie del césped que rodeaba mi hogar, repleto de árboles frutales, cuya compañía hacia de mis días de verano historias únicas e interminables.Castillos, campos de batalla, mundos inexplorados, senderos mágicos, todo y nada. Quizás simpleza, quizás fortuna. Quizás simplemente vida..
Finalizado el verano el verdor de este jardín mágico peligraba, dejando entrar al infante otoño que fatigosamente emprendería interminables contiendas, que terminarían jaqueando una a una sus hojas, hasta convertirlas en botín de guerra, un tesoro dorado.
El aroma a la vida empieza a cambiar, la brisa y los intermitentes aguaceros llenan de tierra húmeda el lugar. Los frutales ya rendidos entregan sus hojas, cuan guerrero su armadura a un vencedor implacable.
Finalmente llego ese día, el que uno empieza con gran animosidad, busque mi ropa que estaba perfectamente ordena esperándome, como yo a ella, aún puedo sentir en cierto modo la rigidez de la tela nueva, que tanto cuesta amoldarse en primer instancia a mi cuerpo. Aunque la lucha es corta, una tregua nos permite ponernos en marcha. El primer día nos obliga a cuidar cada uno de los detalles, debemos estar perfectos, porque no sabemos que nos depara la jornada. Fui hasta el baño y trabe una fuerte lucha con mis cabellos,que no querían ser domados. Esos salvajes trigales libres que no conocían de estas nuevas obligaciones.
Cielo celeste, nubes interminablemente blancas, tierra húmeda olor a otoño,olor a mi niñez.
Al salir de casa el brillo era distinto aún más dorado a pesar de la estación, el asfalto más gris.
Una vez encaminado hacia el destino me encamine a mi destino y me perdí en el horizonte.
domingo, 23 de marzo de 2014
Introducción...
Introducción
Hay gente que reconoce objetos, con solo tocarlos en la fría compañía de la oscuridad, de la misma manera existe recuerdos que se unen a nuestra memoria por medio de imágenes que cobran movimiento en nuestra mente. Siempre digo que una foto es un instante especifico, vació en si, la importancia esta en nuestro recuerdo que lo transforma en una historia sin fin, ya que aún no esta escrito el mismo.La luz, el aire, la oscuridad, el silencio, no son siempre iguales, creo que hasta se puede decir que evolucionan, que cambian, que se transforman, envejecen al igual que uno. Y calculo morirán también en el último expiro de nuestro ser.
Comenzando la historia
Durante muchos años hablamos sobre esta historia, una historia sencilla, una historia común. Y ya es hora de mostrarla. Este formato digital me pareció lo más acertado para compartir mi primer libro lo subiré en capítulos, unos por semana y espero que les guste.Me llamo Alejo, he escrito esta historia por más de 10 años, se trata de todo y de nada, de otros tiempos, de otras calles de una infancia que ya es recuerdo, de un tiempo de TV en blanco y negro, juegos en la acera y un culto a la amistad, al compañerismo, a la lealtad.
AROMAS...
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