Recuerdo antaño, alejado de este frío escritorio, a un cielo de otro tiempo, acompañado de otras nubes, de otro celeste. De un sol que bañaba con sus doradas hebras a los verdes y caudalosos árboles de troncos grises, repletos de nueces aún no maduras, que movían sus hojas al unisono siguiendo el tenue ritmo de la brisa que daba el ya agotado verano.
De aquel instante viene a mi los aromas a niñez, sensación de heroísmo, de peleas etéreas, de riesgos imaginarios, de dulces besos de abuela y regocijo de madre. Delantal a cuadros, pantalones cortos y un dulce sabor a chocolatada en las entrañas más socavada de mi ser.
Gustaba de caminar con mis pies desnudos sobre la húmeda superficie del césped que rodeaba mi hogar, repleto de árboles frutales, cuya compañía hacia de mis días de verano historias únicas e interminables.Castillos, campos de batalla, mundos inexplorados, senderos mágicos, todo y nada. Quizás simpleza, quizás fortuna. Quizás simplemente vida..
Finalizado el verano el verdor de este jardín mágico peligraba, dejando entrar al infante otoño que fatigosamente emprendería interminables contiendas, que terminarían jaqueando una a una sus hojas, hasta convertirlas en botín de guerra, un tesoro dorado.
El aroma a la vida empieza a cambiar, la brisa y los intermitentes aguaceros llenan de tierra húmeda el lugar. Los frutales ya rendidos entregan sus hojas, cuan guerrero su armadura a un vencedor implacable.
Finalmente llego ese día, el que uno empieza con gran animosidad, busque mi ropa que estaba perfectamente ordena esperándome, como yo a ella, aún puedo sentir en cierto modo la rigidez de la tela nueva, que tanto cuesta amoldarse en primer instancia a mi cuerpo. Aunque la lucha es corta, una tregua nos permite ponernos en marcha. El primer día nos obliga a cuidar cada uno de los detalles, debemos estar perfectos, porque no sabemos que nos depara la jornada. Fui hasta el baño y trabe una fuerte lucha con mis cabellos,que no querían ser domados. Esos salvajes trigales libres que no conocían de estas nuevas obligaciones.
Cielo celeste, nubes interminablemente blancas, tierra húmeda olor a otoño,olor a mi niñez.
Al salir de casa el brillo era distinto aún más dorado a pesar de la estación, el asfalto más gris.
Una vez encaminado hacia el destino me encamine a mi destino y me perdí en el horizonte.

No hay comentarios:
Publicar un comentario