Jorge quizás no era el hombre ideal, quizás ni siquiera aún era un
hombre. Su simpleza y don de buena persona todavía estaban intactos.
El era el menor de una familia numerosa, tal vez eso lo hacia casi invisible, invisibilidad que lo acompaño durante muchos años.
El era el menor de una familia numerosa, tal vez eso lo hacia casi invisible, invisibilidad que lo acompaño durante muchos años.
Jorge era un joven idealista y soñador, amante del amor, amigo de la
vida, pero muy solitario. Su invisibilidad lo hacia retraído, no era muy tomado
en cuenta, era lo contrario a popular, pero so no significaba que fuera tonto.
Su curiosidad lo llevaba a lugares insospechados, pero después se daba
cuenta que en realidad a nadie podia contarle sus experiencias. La informática,
las redes sociales, los celulares no eran su fuerte. La calle, la naturaleza,
las estrellas y el amor verdadero eran su fuente de inspiración.
Leía cuanto libro podía, escribía en cantidad, no quería perder ni un segundo de su existencia, quería contarle al mundo que existía, aunque el mundo no lo viera.
Era la esperanza misma, era la virtud del alma, era la aguja en el pajar.
Un día a la vuelta de la esquina, donde siempre se encuentran cosas nuevas, tropezó con el amor, tropezó con la belleza pura en estado físico. Su alma golpeaba sus entrañas como queriendo salir. Pero su invisibilidad, no lo dejo actuar. Su amor paso entre su cuerpo, como el aire mismo que expiro junto a su suspiro.
Leía cuanto libro podía, escribía en cantidad, no quería perder ni un segundo de su existencia, quería contarle al mundo que existía, aunque el mundo no lo viera.
Era la esperanza misma, era la virtud del alma, era la aguja en el pajar.
Un día a la vuelta de la esquina, donde siempre se encuentran cosas nuevas, tropezó con el amor, tropezó con la belleza pura en estado físico. Su alma golpeaba sus entrañas como queriendo salir. Pero su invisibilidad, no lo dejo actuar. Su amor paso entre su cuerpo, como el aire mismo que expiro junto a su suspiro.
Esos ojos, esa cara no podía quitarla de su mente. Era el ideal de su
amor, sin conocerla.
Más tarde al llegar a su casa se escondió en el altillo oscuro, como evitando que lo vean, no quería que lo interrumpieran con cosas mundanas, no quería olvidar nada de ese rostro que tanto amor le despertó a su existencia.
Gasto hoja a hoja, dibujaba y tiraba, no lograba encontrar ese rostro. Sentía que ser iría. Abrumado se dejo dormir.
Más tarde al llegar a su casa se escondió en el altillo oscuro, como evitando que lo vean, no quería que lo interrumpieran con cosas mundanas, no quería olvidar nada de ese rostro que tanto amor le despertó a su existencia.
Gasto hoja a hoja, dibujaba y tiraba, no lograba encontrar ese rostro. Sentía que ser iría. Abrumado se dejo dormir.
A la mañana siguiente, casi como programado se encamino rumbo a esa
esquina que al doblar la vida nos da sorpresas. Pero al girar no vio nada, o en
realidad nada que le interesara más que ELLA.
Era una mañana de otoño, bien de otoño, la lluvia acompañaba sus trancos, pero el parecía ajeno a eso. Camino calle por calle recorrió desde la casa de gobierno hasta casi el final del recorrido del subte. Busco en cada rostro ese rostro. Pero no apareció.
Se sentó en un viejo banco de plaza, saco un pequeño papel y comenzó a escribir, ausente de donde estaba, de la hora, del lugar mismo.
Era una mañana de otoño, bien de otoño, la lluvia acompañaba sus trancos, pero el parecía ajeno a eso. Camino calle por calle recorrió desde la casa de gobierno hasta casi el final del recorrido del subte. Busco en cada rostro ese rostro. Pero no apareció.
Se sentó en un viejo banco de plaza, saco un pequeño papel y comenzó a escribir, ausente de donde estaba, de la hora, del lugar mismo.
En ese pequeño papel comenzó a escribir:
Quizás nunca te encuentre, quizás nunca te haya visto, quizás la vida me
compense con tenerte. Pero solo son una lista de quizás o tal vez. Se que suena ilógico, nadie se enamora de lo invisible, nadie puede enamorarse sin siquiera
conocerse. Pero el amor, no es lógico, no es racional, no es prudente y quizás
no es benévolo, porque hasta ayer fui feliz y hoy te necesito.
Me tendré que volver a perder en el aire, en las estrellas, en cada hoja que cae de este viejo árbol. Tendré que llorarte en el silencio, porque ni siquiera podre nombrarte porque no te conozco. Pero tus ojos dejaron magia en los míos.
Solo se que fue un instante, solo se que fue un momento, pero te llevaste mi existencia en cada centímetro de tu cuerpo.
Me tendré que volver a perder en el aire, en las estrellas, en cada hoja que cae de este viejo árbol. Tendré que llorarte en el silencio, porque ni siquiera podre nombrarte porque no te conozco. Pero tus ojos dejaron magia en los míos.
Solo se que fue un instante, solo se que fue un momento, pero te llevaste mi existencia en cada centímetro de tu cuerpo.
De repente Jorge empezó a notar que las cosas no estaban muy bien, el
horario había pasado, el se quedo quizás en el lugar menos adecuado. Y sin
darse cuenta de un momento al otro, sintió el caliente fluir de un hilo de su
propia sangre, esa sangre que quizás quería perpetuar en su amor ideal, esa mujer que le había hecho sin saberlo
sentirse más vivo que nunca.
El era invisible, pero esa vez no lo fue, justo ahora.
El era invisible, pero esa vez no lo fue, justo ahora.
Al día siguiente lo encontraron,en su mano aún tenia ese papel. Esta vez
no hubo un quizás ni un tal vez, era seguro que ya no estaba, que ya no estaría
ella. Pero en esa carta pudo sin darse cuenta perpetuarse, alguien supo de
ella, y la comento, y así paso de boca en boca, hasta llegar a las redes y de
repente Jorge sin darse cuenta, quizás allá podido contarle a ELLA, lo que el sintió a cruzarse en esa esquina que la vida siempre nos regala.
Alejo Mon
Cuentos breves
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