jueves, 27 de marzo de 2014

Cap.2 - La escuela

Cuan traicionera es la vida, mis recuerdos a veces parecen egoistas, caprichosos. Recuerda la llegada a la escuela, mi escuela, la de cualquier niño.
Como si fuera a propósito las nubes que  hasta hacia un rato parecían de algodón se convirtieron en rocas grisáceas, el cielo fue perdiendo su celeste y lentamente todo se fue poniendo gris.
La escuela ante mi, coloso blanco rodeado de grandes ventanas con celosías verdes. Una entrada imponente, no le faltaba nada, una escalinata de tres peldaños te daba la bienvenida para adentrarte a una majestuosa puerta de dos placas estilo colonial con pequeñas ventanas acompañadas de rejas color verde.
Mis pies tomaron coraje, me acomode una incomoda mochila azul de cuero, repleta de elementos que por mucho tiempo no entendería su uso.
Ya empezarían a caer las primeras gotas, casi como las lagrimas de una madre al ver a su hijo emprender tan fantástica empresa. Yo no tuve esa suerte, pero era entendible mis padres trabajaban todo el día y acompañarme hubiera sido un lujo que no nos podíamos dar.
El guardapolvo cada vez era más incomodo, es como si esos días todo estuviera hecho para incomodarnos.que mi sentimiento
Las gotas se transformaron en gotones y en pocos segundos en un gran diluvio, quizás fue lo más parecido a mis pensamientos, que por ese entonces ya estaba extrañando la libertad de los días de verano que acababan de finalizar.
Pise fuertemente el primer escalón de mármol y sin darme cuenta ya estaba dentro de un gran pasillo, lleno de bustos de personajes que me intimidaban, podía distinguir una bandera, un cuadro, muchas puertas. Seguí caminando, por inercia todos iban al mismo lugar y yo no lo dude  y los seguí. Me adentre en un gran pasillo que parecía estar dividido en dos partes, una blanca y otra verde, al final una gran escenario, un piano e infinitas puertas a ambos lados de mi, al ser de vidrio me permitían ver los pupitres de madera fijos que saludaban de alguna manera y demostraban sus largos años de experiencia. Podríamos decir que mostraban cicatrices de décadas de permanencia.
Cuan maravillosa es la sensación de lo nuevo, el sentir que nada es conocido y que no sabemos ni por un instante de que se trata. Quizás eso sea vivir.


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